Y en un segundo, o quizá menos, y con sólo un gesto mínimo, sin necesidad de escuchar su confirmación de los hechos, se vio diminuta, se sintió ridícula y todo lo increíble, todo lo que agradecía en esos días de su vida, perdió peso. Sus horas de gloria flotaban, nada era tan importante, nada era tan especial. Intentó besarle. Al fin y al cabo creía estar enamorada de él. Cuando sus labios se tocaron una astilla desgarró su vientre. Una imagen. Él y otros labios. Un pasado. Todo era razonable, todo podía considerarse "normal". Pero la magia huyó y, de repente, sólo quería estar sola.